43. #90añosdespués

15 de Marzo

Empecé al leer  “Un cuarto propio”, es un ensayo. Pensé que iba a ser algo aburrido, pero me está gustando.

“Pensando en todas estas mujeres que habían trabajado año tras año y encontrado difícil reunir dos mil libras y no habían logrado recaudar, como gran máximo, más que treinta mil, prorrumpimos en ironías sobre la pobreza reprensible de nuestro sexo. ¿Qué habían estado haciendo nuestras madres para no tener bienes que dejarnos? ¿Empolvarse la nariz? ¿Mirar los escaparates? ¿Lucirse al sol en Montecarlo? Había unas fotografías en la repisa de la chimenea. La madre de Mary —si es que la fotografía era de ella— quizás había sido una juerguista en sus horas libres (su marido, un ministro de la Iglesia, le había dado trece hijos), pero en tal caso su vida alegre y disipada había dejado muy pocas huellas de placer en su cara. Era una persona corriente: una vieja señora con un chal de cuadros abrochado con un gran camafeo;”

Dice Virginia Woolf, su autora, y yo, yo no puedo evitar sentirme esa señora corriente.

Y algunos reglones más abajo…

“Primero hay nueve meses antes del nacimiento del niño. Luego nace el niño. Luego se pasan tres o cuatro meses amamantando al niño. Una vez amamantado el niño, se pasan unos cinco años cuando menos jugando con él. No se puede, según parece, dejar corretear a los niños por las calles”

Soy consciente de que hoy en día la sociedad no espera de la mujer que sea  ama de casa. Sin embargo, no puedo evitar notar que 90 años después de la publicación de esta obra, parte de este planteo sigue vigente. En mi caso, yo elegí quedarme en casa con mis hijos.

Y tampoco puedo dejar de notar que no soy la única que toma esa decisión en la actualidad. Estos son los datos que manejo: en el aula de Joacko hay 31 nenes; de esos 31 nenes hay 31 madres; de todas ellas, 9 somos amas de casa. Sí, menos de la mitad.

Pero, pero y acá veo lo importante… de las 22 restantes, que sí trabajan, solo 6 lo hacen fuera de su casa y jornada completa. Las demás mamás trabajan jornada completa, pero, pero… desde sus hogares.

¿Cómo hacen? les cuento…

Sonia tiene una librería delante de su casa, deja a los nenes en el cole y abre el negocio. El micro le retira los chicos. Cierra, hace la comida y la tarea con ellos y a las 16:30 hs vuelve a abrir el negocio. En el tiempo libre (así lo llama ella), se prepara la cena, así ni bien cierra el local comen y puede acostar los nenes temprano. No es ni mamá soltera, ni separada. El marido es contador en una empresa, trabaja en microcentro. Juega con Ezequiel los miércoles a la pelota. Sonia dijo que llega a la casa alrededor de las 18 horas (asumo que muy agotado como para poder cocinar)

Así como Sonia hay 4 mamás más. No todas tienen librería, claro.

Nati es estilista, va a domicilio (hace unos alisados geniales, si quieren el número les paso, es de Banfield). Trata de ponerse la mayoría de los clientes a la mañana y el resto los va combinando según los horarios de los nenes ,que hacen varias actividades. El marido también es estilista,  trabaja en Llongueras. De hecho, se conocieron ahí. Cuando nació su nena, ella renunció.

Jimena es traductora, y trabaja desde la casa, no se mucho de ella, ni de sus horarios, pero sé que trabaja para una editorial escolar y también como docente en una de esas plataformas de apoyo para los que estudian online. Así que la editorial, más eso, son dos laburos; asumo que será jornal completo. De su marido sé menos que de ella, si lo vi dos veces es mucho. A su nene lo suele retirar la abuela.

Laura cose, hace uniformes y los disfraces para los actos. El año pasado nos contó que se pasó las primeras dos semanas de diciembre sin dormir, porque de día los nenes de ella ya no duermen siesta y no la dejaban hacer nada, así que cosía de noche. El marido es mecánico. Su taller está a dos cuadras de la casa.

Sabrina es profesora. No puedo decirles los horarios exactos, pero trabaja desde temprano en los colegios, hasta la noche en la facultad. Hay días que la vemos a la mañana, otros a la salida y otros no la vemos. El marido también es docente.

Además, hay 3 madres más que son docentes, 2 maestras jardineras y 1 maestra de grado. Pero ellas solo trabajan un turno.

Las otras 8 mamás, por su parte, trabajan algunas horitas o tienen emprendimientos más tranquis. Hay una que da clases en el gym unas horas a la mañana. Otras venden cosas, digo, aparte de Avon, Natura. Venden zapatos, carteras, perfumes, ropa interior, bijou. Otras preparan tortas y cosas para los cumples. También están Lucia que es enfermera, y va a poner inyecciones a domicilio (sé que antes de tener los nenes trabajaba en el Hospital Alemán) y Vane que teje por encargo (quiero uno de esos amigurumis, son más lindos).

4 de estas 8 mamás emprendedoras son profesionales, Gise es fonoaudióloga, atiende en una salita dos veces por semana. Vale es abogada, Maga es psicóloga y Flor nutricionista, dejaron de ejercer cuando tuvieron los nenes.

Ah, y ya se me pasaba otro #dato. Hay también tres mamás que están divorciadas. Sí, dos de las 6 que hacen jornada completa fuera del hogar, están separadas. ¿No es interesante?

La última por mencionar es la profe de gym. Tiene la suerte de poder trabajar solo unas horitas,  porque sus padres le heredaron dos locales que alquila. 

Con esto contabilizamos 31 mujeres. 31 realidades de mamis hoy.

Para concluir, y acá me incluyo, todas sin excepción nos quejamos de que los maridos no ayudan y nos dejan el fardo de la casa.

¿Qué quiero decir con todo esto? Llama la atención, y mucho,  cómo pasa por algo normal que hasta aquellas mamás que hacen jornal completo se encarguen de la mayoría de las tareas del hogar. Ojo, no estoy en sus casas para ver qué hacen ellas y que hacen sus maridos. Pero sí veo quiénes los llevan y los traen al colegio, quiénes preguntan qué cocinar, quiénes se preocupan porque va a llover y ese semi infarto de “uh dejé la ropa tendida”, quienes mandan mensajes pidiendo la tarea (¿y acá como no mencionar el whatsapp de mamis?).

Ahora bien, vale aclarar que hay varios papás que dejan a los nenes en el colegio antes de ir a trabajar. Como Eze, por ejemplo. También hay otros dos que vienen a retirar los nenes, uno es profe y el otro plomero. ¡Pero son solo dos! Además que yo sepa, las que nos levantamos a hacer el desayuno y despertamos a todo el mundo somos siempre nosotras.

No sé si esto se debe a quien gana más o menos, o a quien trabaja más cerca, o a quien puede acomodar mejor sus horarios. No estoy en la economía de cada casa. No sé, lo único que sé es que el hogar y los niños en mi reducido mundo cotidiano sigue siendo cosa más bien de las mujeres.

Nuestras carreras, abandonadas o relegadas, y si no es así, nos toca entonces hacer doble jornada: trabajo doméstico más laboral. Aunque eso implique no dormir.  

E inevitablemente me pregunto, si miraran mi retrato en unos años, colgado ahí en algún cuarto,  juzgando mis logros o mi fortuna, ¿Qué creen que pensarían? ¿Y si miraran el de todas esas mamis? ¿Qué estábamos empolvándonos la nariz, mirando escaparates, luciéndonos al sol de Montecarlo?

No, no lo estamos, ni yo, ni ninguna de estas mujeres.

Y es que elegimos tener hijos y criarlos, pero ¿por qué eso tiene que recaer solo en nosotras? Si los hombres también quieren ser padres.

¿Será que así lo elegimos o será que es algo social? (En mi caso yo sufría porque mi mamá no estaba, no porque no estaba mi papá, porque ningún papá estaba.) Pero entonces, ¿hasta qué punto esa es una elección libre?

Oh my god.

Y recién voy por el capítulo dos.

¿Como es el mundo de ustedes?

Los leo, así amplio mi investigación… y ya que estamos mi pequeño y reducido mundillo.

Henos aquí 90 años después, aún #postergandonos

Feminismo

4 Comentarios Deja un comentario

  1. Nuestro trabajo también implica la parte intelectual que se genera de pensar ¿Qué vamos a comer? Esa campera ya no le queda… Ni las zapatillas. ¿Le pusimos todas las vacunas? ¿Estará comiendo equilibrado? ¿Se lavará los dientes cuando no estoy por la mañana? Y así puedo seguir. Que ellos hagan su parte es a su vez otro trabajo que implica tener que chequear todo ya que si lo hacen mal entonces no se lo “pidas”

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  2. Che, justo el otro día hablaba con una amiga de este tema….Porque siempre somos las que hacemos todo en la casa. ¿No es curioso?, ¿no será que tal vez estemos menos dispuesta a resignar estos lugares de lo que nos gustaría creer?

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  3. Ay me histe llorar, yo retome el trabajo hace poco, estaba re podrida de estar en casa y ahora que no estoy siento que hago todo mal que siempre estoy en falta.
    Es verdad lo que decís siempre cae sobre nosotras

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