55. #thepascuashorrorstory

lunes 22 de abril

Llegué ayer a casa sin dormir, después de haber viajado pésimo con un grupo de pendejos borrachos que tiraron cerveza y vomitaron al lado mío, y con la noticia de que mi nombramiento inminente no iba a ser nada inminente.

Se me explotaba la cabeza pensando soluciones a este inconveniente, pero una y otra vez volvía a hacerme la misma pregunta:

¿Quiero hacer esto?

Una parte de mi sí quiere, pero otra no sé.

{Inside

Nuria- De esto a Ezequiel ni una palabra.

Pilar- No sé para que aclaras si igual no nos hablamos.

Nuria- Por las dudas…

Pilar- Igual se va a enterar cuando siga viniendo y no pueda traer ni un peso a casa}

Cuando llegué a mi dulce morada, Ezequiel y los nenes estaban en casa ya que por Pascuas no había partido.

Fue fácil no hablarle de la guardia y esquivar la noticia de mi no nombramiento porque aún no nos hablamos.

Ya habíamos quedado en ir a almorzar a lo de su familia, ellos son católicos, y mi familia no.

Entre a casa y los nenes vinieron a recibirme contentos, estaban desayunando licuados con panqueques, que preparó Ezequiel. La cocina era un asco. Pero los nenes estaban felices.

Me fuí a bañar, con la esperanza de sacarme el día de mierda de encima y el olor a vómito que se me había impregnado durante mi matutino viaje en tren.

Abro la puerta del baño, y descubró que a Ezequiel se le ocurrió cortarse el pelo y afeitarse. Limpió, pero como limpia Ezequiel. Había muchos pelos por todos lados, pero se notaba que había barrido y los había querido limpiar. (Seguramente con el baño mojado, motivo por el cual quedaron pegados por ahí y ahora se veían por todas partes)

Los ignoro, no es la muerte de nadie, al fin y al cabo había limpiado, para ser justa yo también lleno de pelos los cepillos y el desagüe de la bañadera.

Disfrutó mi ducha. Salgo de bañarme, agarró MI TOALLA, me empiezo a secar y ¡estaba llena de pelos!

¡ME LLENE TODA DE LOS FUCKINGS PELOS DE EZEQUIEL!

Respiro hondo, queda un laaargo día…

Me envuelvo en el toallón lleno de pelos y voy a buscar uno nuevo al cuarto. No quería pedírselo a Ezequiel, no quería hablarle, ni siquiera quería gritarle por usar mi toalla.

Vuelvo al baño con un toallón limpio. Termino de bañarme y cambiarme y voy a la cocina a tomar unos mates, los nenes estaban felices contando todos los huevitos que preparamos, eso me puso felíz.

Se podría decir que después de unos mates y escuchar a mis hijos así de felices y entusiasmados con la Pascua ya era otra persona.

Nos empezamos a preparar para irnos.

Voy a envolver la rosca de pascuas que prepare para llevar.

¿adivinaron? ¡no estaba!

Bue estaba menos de la mitad.

Ezequiel, Ezequiel, Ezequieeeeel.

El fucking fanático de la pastelera.

Lo odie, pero no dije nada, temía que al abrir la boca se desatara una especie de demonio dentro de mí. A juzgar por los acontecimientos, hubiese sido mejor hablar.

Llegamos a la casa de los padres de Ezequiel alrededor de las 13 hs.

Sabemos que Ezequiel está enojado, por el tiempo que nos tomamos para bañarnos, pintarnos, cambiarnos y además, tomar mate. Pero el también juega al juego del silencio y calla.

Pasamos toda la picada y el almuerzo, entre, evitarnos y la extrema cortesía cuando eso no era posible.

Ezequiel saco su violín y empezó a contar como les cocinó y ceno sólo ayer con los nenes (yo deje milanesas hechas, sólo tuvo que calentar al microondas).

“Les hice la comida, comimos solitos, junte la mesa, los mandé a lavarse los dientes, tuve que buscarles y bajarles la pasta dental, no estába en su lugar (eso era un palito para nosotras) los acosté, les tuve que contar un cuento a cada uno, tardaron un montón en dormirse y hoy se levantaron temprano. Me levanté con ellos, les hice el desayuno. Me pidieron panqueques, me quedé sin leche y estaba todo cerrado entonces, les hice licuados con la fruta que había en casa.”

Contado por él parece ser el acto más heroico de la temporada de pascuas 2019.

Mientras estamos preparando el café su hermana, mi cuñada María Luján, alias Mari Lu, me pregunta si me pasa algo, le contesté que estaba cansada por la guardia, pero insistió, y finalmente escupí todo: le dije que Ezequiel hizo panqueques y dejó todo hecho un desastre, que el baño estaba lleno de pelos, que se comió la rosca que había preparado para llevar, que no nos hablamos por sus celos. Todo, le conté todo creo que de desesperación, porque me estaba atragantado de veneno.

MariLu- ay bueno, tranquila. Pensa que sos afortunada…

¡#WTF! ¿?

y siguió…

… ¿que hombre se queda sólo así con los dos nenes tan chiquitos y además, prepara el desayuno?

Ella siguió y siguió hablando, alabando las proezas de Ezequiel al cuidado de sus hijos, remarcandome una y otra vez lo afortunada que era. Hasta que dejé de escuchar y empecé a fantasear con el café que estábamos haciendo, me imaginé como lo vertía por la cabeza de Mari Lu y ella empezaba a derretirse, mientras repetía una y otra vez antes de desintegrarse “tenés suerteeeeee”

Nuria

¡Por fín había llegado la hora!

Fuimos con los nenes a dar una vuelta manzana para que los demás adultos escondan los huevos de Pascua.

Llegamos y los nenes estaban felices, buscaban por todo el parque y cada vez que encontraban un huevito todos festejabamos, y a ellos se les iluminaba la carita.

Por un momento todo fue mágico, no había enojo, ni silencios, ni nombramientos, sólo felicidad.

Contamos los huevitos. 49 huevos de Pascua.

Los nenes empezaron repartir con orgullo los conejitos hechos por ellos. Y yo empecé a buscar mi huevo de chocolate blanco relleno de marrocs.

No soy muy amante del chocolate, pero el blanco y el marroc me encanta.

Así que hice un huevo grande de chocolate blanco, lo dibujamos con Benu y Joacko y le pusimos nuestras huellitas con los dedos.

No estaba, no estaba y no estaba.

Le pregunto a los nenes. No lo habían visto.

Pregunto en la mesa, Ezequiel se puso colorado y mi suegro y mis cuñados se empezaron a reír.

Suegro – uh.. ¿uno con un moño verde?

Yo – sí…

Suegro- uh… como tardaban en volver comimos algunos, pensamos que todos eran de todos.

Yo- sí todos era de todos, pero se supone que íbamos a comer todos, todos juntos.

Me empecé a poner mal y se me empezó quebrar la voz.

Hacia un esfuerzo para no llorar pero la garganta se me cerraba más y más…

Para peor, todos me empezaron a ofrecer huevitos, rocklets, chocolate blanco, rosca, mate, y yo… y yo, no aguanté más y las lágrimas se me empezaron a caer, cada vez más y más fuerte hasta que empezaron los sollozos y salí corriendo al baño y me encerre.

Lo primero que pensé cuando me sentí mejor es que les había arruinado la Pascua a mis hijos.

Y nunca sentí tanta culpa.

Pilu

Días festivos

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