61. #loser

Miércoles 29 de mayo


Es oficial.
Hice mal en dejar la guardia.
Es lo mismo, mismo, mismo.
Otra vez me siento atrapada y todo por ¿cuánto? $1500 pesos de ganancia de los que con lo que gasto en nafta y estacionamiento me queda prácticamente NADA. Si al fin y al cabo es verdad lo que dice Ezequiel de que no suma casi nada lo que vendo, ni tampoco lo necesitamos.

Y también es verdad lo que dice mi mamá, ni que mi vocación fuese vender ropita infantil en la puerta del cole. Es verdad, pareciera que tengo ganas de generar un conflicto innecesario.


Pilu


Otra vez la misma fucking discusión por el trabajo y los partidos de fútbol.
Ezequiel se puso como loco porque le dije que hoy no fui a comprar y que voy a ir el sábado.

-Vos no faltas al gym y yo tengo que faltar a fútbol-


Pero lo corte en seco.


-Es muy simple, no llego a ir y venir viajando, una cosa es ir en auto y otra viajando y además, tengo cosas que cambiar y muchos encargos-

-Porque vas en colectivo, si tomas subte y tren llegas más rápido que con el auto-

– Sí claro, voy a tomar tres trasportes públicos con todos los paquetes para que vos vayas en auto a ¡jugar a la pelota! Me dijiste que me ibas a apoyar, esto no es apoyo Ezequiel-

-Sí, pero dale, siempre cuando juego al fútbol-


-¡Es que siempre jugas al fútbol Ezequiel! Es lo único que te importa parece, me pones de excusa que lo mío no suma o suma poco y tu fútbol ¿suma algo? ¿Te paga algo tu equipo que tanto te necesita?
¿No?
¿No te pagan nada?-


La cara que puso Ezequiel es indescriptible.

No tengo ni idea, como vamos a hacer el sábado, pero vamos a ir a comprar, sin los nenes y con el auto ¡eh dicho!


Nuria

Viernes 31 de mayo.


Otra vez lo mismo. Joacko no quiere ir a fútbol y Eze lo “convence” ya me está poniendo nerviosa esta situación, pero no sería el momento de tener esa charla con Ezequiel porque todavía sigue indignado porque mañana me voy a comprar a Once.

Pilu

Sábado 1 de junio

Aunque no lo crean, fui hoy a comprar a Once sin los nenes y con el auto. Creo que ni yo misma creía que lo iba a hacer.

¡Pero lo hice!

Mientras manejaba pensaba en que, no sólo le había puesto los puntos a Ezequiel, también había logrado defender mi actividad, mi espacio y aunque eso implicó que se enojara conmigo ¡lo hice igual!

Me sentía orgullosa de mi misma, Sandra (mi psicóloga) también hubiese estado orgullosa.

¡Lo dije y lo hice!

Al llegar, maravillosamente divisé el último lugar sin cordón amarillo y a dos cuadras de donde compro la mayoría de la mercadería.
Parecía que era mi día de suerte. Pensé que el universo me estaba felicitando.
Me baje del auto con el pecho inflado de orgullo y felíz de ahorrarme el dinero del estacionamiento.

Además de las cosas para niños invadida por mi nueva y repentina determinación, decidí invertir también en accesorios para mujeres. Si las mamis me compraban cosas para sus peques ¿porque no habrían de comprarme cosas para ellas?

Así que camine por varias cuadras y compre, ruanas, chalinas, gorros, guantes, bufandas, billeteras y collares hasta que me quedé sin crédito y sin efectivo entonces, emprendí la marcha hacia el auto con todos mis paquetes. Llego al lugar donde estacione y ¡el auto no estaba! Primero pensé que me había equivocado de calle, ya me paso. Así que di como tres vueltas manzana con todos los bultos a cuesta. Pero después me di cuenta por el negocio que había enfrente, que no estaba equivocada, lo había estacionado en ese lugar. Miro el cordón ¡No estaba amarillo! Miro la vereda y ahí lo veo, un cartel diminuto y tapado por un árbol que decía “reservado uso de pasajeros.” ¡Estacione en la puerta de uno de esos hoteles que ni se nota que son hoteles!
Al toque se acercaron de un negocio a dejarme el papelito bendito de bombita.
Abro mi billetera para guardarlo, tenía $55, y la tarjeta detonada. Por lo cual volví a los negocios para devolver la mercadería que acababa de comprar, les expliqué desesperada que me habían llevado el auto.
Pero a nadie le importo una mierda.
No me decían que no, todos fueron muy diplomáticos. Me decían que no estaban autorizados, que se podía hacer de lunes a viernes, que el encargado no estaba y bla bla bla.
Como no tenía ni idea que hacer, estaba cansada de caminar con todos los paquetes y me estaba haciendo pis, entre en el primer bar que vi, tampoco es que podía estar eligiendo tanto, ya dije que tenía sólo $55 así que pedí un café. $20 menos.


Ahí estaba yo, hundida en una mesita con 50 bolsas de cosas que no me pidieron, porque lo que me encargaron no lo conseguí, en un bar de mala muerte con olor a milanesa, cerrando las bolsas como loca para que no se llenen de olor las cosas, con muchas ganas de hacer pis y sin poder entrar en el baño de ese sucucho con todos los paquetes, con sed, ¿porque pedí un café en vez de agua? Y con alrededor $30 en la billetera, el papel de la multa y el auto llevado por la grúa.
Pero lo más patético de toda esa escena, que ya de por sí era bastante patética, era que mis opciones para poder resolver este conflicto eran muuuuy limitadas.
Mis amigas no eran una opción ¿Se acuerdan que le prometí a Juana comprar con ella el cotillón para su casamiento? No sólo le cancele el día que habiamos quedado en ir ademas, vine a Once a comprar y nunca le avisé (lo sé soy la peor, pero la conozco, comprar con ella va a llevarme tooodooo el día y era mucho ya llevarme el auto, dejarlo sólo a Eze con los nenes y desaparecer todo el día) llamarlas impalicaba que se enteren de que nunca avise y vine a comprar yo sola. Esa no era una opción.


¿Mi papá? Está de viaje.


Así que todo se reducía a sólo dos opciones. Dos terribles y odiosas opciones.


Llamar a mi mamá.


Llamar a Ezequiel.


¡Llamar a mi mamá o a Ezequiel!


Esas eran mis opciones…
Patética queda chico, muy chico.

Y finalmente, cuando no aguante mas el olor a milanesa, llame a Ezequiel, porque cuando está enojado Ezequiel no habla, y mi mamá habla siempre y si encima le doy que hablar, no la callo nunca más.

Querido Diario

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